Existe una Italia oculta que no se recorre en coche ni se observa desde la ventanilla de un tren de alta velocidad.
Es una Italia hecha de senderos olvidados, antiguas vías férreas, pueblos que se aferran a las laderas montañosas y caminos de tierra que narran historias.
La Ciclovía Lagonegro – Rotonda es una de esas historias: un recorrido excursionista que serpentea entre Basilicata y Calabria, sobre lo que queda de una línea ferroviaria en desuso que hoy se reinventa como itinerario para ciclistas y excursionistas en busca de una belleza auténtica.
Desde el silencio de la estación abandonada
El punto de partida es Lagonegro, a 906 metros sobre el nivel del mar. Antiguamente un nudo ferroviario, hoy es una puerta hacia el silencio.
Al tomar la antigua vía del ferrocarril, el ritmo cambia de inmediato.
Se entra en una dimensión suspendida, alejada del tráfico, de la prisa, de los ruidos invasivos.
La ciclovía se desarrolla paralela a la carretera provincial, pero se aleja lo suficiente como para ofrecer tranquilidad, atravesando túneles frescos y húmedos, puentes aéreos y vistas de pueblos que parecen pintados.
El firme es a menudo regular, un camino de tierra bien compactado.
En algunos tramos aún se percibe la geometría de los raíles, aunque ahora el tren es la bicicleta, el paso lento, la mirada curiosa.
Es un viaje en ascenso —físico y mental— que alcanza los 1.432 metros de altitud, cruzando el Valico dei Cerri, un punto panorámico y nudo natural entre valles y microclimas.
El lago Sirino y los túneles del tiempo
Tras el paso, la vista se abre al Lago Sirino, un espejo de agua natural incrustado entre las montañas.
Es un momento de suspensión visual, una postal inesperada.
Luego comienzan los túneles: excavados en la roca, algunos cortos, otros larguísimos, fríos, oscuros, silenciosos.
Es como atravesar el tiempo, salir de una dimensión y entrar en otra.
Los túneles conducen hacia Pecorone, una diminuta fracción del municipio de Lauria, con sus 280 habitantes, casas bajas y ritmo pausado.
Aquí, la vía férrea desaparece durante unos cientos de metros, engullida por el asfalto moderno.
Pero la traza se retoma, pocos minutos después, en descenso: un tramo rápido, divertido, casi liberador.